CDMX.- En México, siete de cada diez hogares cuentan con al menos un animal de compañía, de acuerdo con la Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) a través de la Encuesta Nacional de Bienestar Autorreportado (ENBIARE) 2021. Del total, el 40 por ciento corresponde a perros, lo que representa no solo una cifra significativa en términos demográficos, sino también sanitarios.
Diversos estudios académicos han documentado que la convivencia con perros puede favorecer la salud física, emocional y cognitiva, especialmente en personas adultas mayores.
El médico veterinario zootecnista Francisco Javier Carbajal Merchant, académico de la Facultad de Estudios Superiores Cuautitlán de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), explicó que estos animales poseen una notable capacidad de apego y generan vínculos profundos con sus tutores.
“Tienen un estrato social muy parecido al del humano; expresan sentimientos, comprenden jerarquías y generan vínculos profundos”, afirmó el especialista, quien destacó que su cuidado implica rutinas como paseos, juegos, higiene y entrenamiento, lo que incrementa la actividad física de quienes los adoptan.
Un artículo publicado en 2019 por la American Heart Association, basado en una revisión sistemática y metaanálisis de investigaciones realizadas entre 1950 y 2019 con más de 3.8 millones de personas, señala que la tenencia responsable de un perro se asocia con una reducción del 24 por ciento en el riesgo de mortalidad por cualquier causa y una disminución del 31 por ciento en la mortalidad cardiovascular. Los beneficios estarían relacionados con mejoras en el perfil lipídico y en la respuesta fisiológica al estrés.
En el plano emocional, la convivencia con perros contribuye a regular hormonas como la dopamina, serotonina y oxitocina —vinculadas con el afecto y la reducción de la ansiedad—, mientras que el cortisol, conocido como la hormona del estrés, tiende a disminuir.
Actividades cotidianas como pasear o entrenar a los caninos promueven la movilidad, mejoran la condición física y ayudan a evitar el sedentarismo. En personas mayores, esto puede representar un apoyo terapéutico adicional, ya que la interacción constante con el animal favorece la regulación emocional.
Además, el vínculo diario obliga a establecer rutinas y recordar tareas como alimentar o bañar al perro, lo que estimula la memoria y otros procesos cognitivos.
“Para las personas de la tercera edad se vuelven parte de la familia porque duermen, comen y ven televisión con ellos; están ahí las 24 horas del día, los siete días de la semana”, detalló el académico.
