Entre montañas y arroyos vive el ajolote tarahumara, una especie única del norte de México

Investigadores analizan poblaciones, calidad del agua y microorganismos de la especie endémica protegida por la NOM-059

by AdmTalcual
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CHIHUAHUA.- El ajolote tarahumara de la Sierra de Chihuahua posee una característica poco conocida, atraviesa una metamorfosis natural que le permite convertirse en salamandra adulta y salir del agua. Esta singular capacidad forma parte de una investigación científica que busca comprender las condiciones ambientales que favorecen la supervivencia de esta especie endémica del norte de México.

El estudio, desarrollado por el investigador Víctor Alfonso Robles Schaffino, analiza poblaciones, calidad del hábitat y microorganismos asociados al ajolote tarahumara, considerado además un bioindicador de la salud de los ecosistemas. La investigación se realiza en distintas áreas naturales protegidas de la Sierra Madre Occidental, donde también se evalúan amenazas, microhábitats y posibles mecanismos naturales de resistencia ante enfermedades que afectan a anfibios en todo el mundo.

El ingeniero en Ecología, Víctor Alfonso Robles Schaffino, estudiante de maestría en Ciencias en la Facultad de Zootecnia y Ecología de la Universidad Autónoma de Chihuahua, desarrolla una investigación enfocada en el ajolote tarahumara, una especie endémica del norte de México poco estudiada y que habita en diversas zonas de la Sierra Madre Occidental de Chihuahua.

El proyecto lleva por nombre “Evaluación multiescalar de la calidad del hábitat del ajolote tarahumara (Ambystoma rosaceum) en un gradiente latitudinal en la Sierra Madre Occidental de Chihuahua, México”, y busca conocer las condiciones ambientales que permiten la permanencia de esta especie.

En entrevista, Víctor Robles Schaffino explicó que su interés por los anfibios y reptiles surgió desde la licenciatura en Ingeniería en Ecología, cuando comenzó a participar en salidas de campo y conoció distintas especies nativas del estado. Posteriormente descubrió que en Chihuahua existen ajolotes distintos al famoso ajolote de Xochimilco, popularizado recientemente por el billete de 50 pesos.

Indicó que durante la licenciatura realizó modelos de predicción de hábitat para estimar posibles sitios de distribución del ajolote, pero fue hasta la maestría cuando decidió desarrollar un estudio más aplicado y directamente relacionado con la conservación de la especie.

La investigación se desarrolla en tres regiones consideradas prioritarias por la presencia de ajolotes: el Área de Protección de Flora y Fauna Campo Verde, en la zona norte del estado; el Parque Nacional Cascada de Basaseachi, en el centro; y el Área de Protección de Flora y Fauna Cerro de Mohinora, en el sur de Chihuahua.

El investigador detalló que estas áreas naturales protegidas concentran la mayoría de registros de la especie debido a que cuentan con mejores condiciones de conservación y menor impacto humano. Añadió que los estudios de campo se realizan con apoyo de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp), así como brigadas comunitarias y personal de vigilancia ambiental.

De acuerdo con la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio), los ajolotes son anfibios conocidos como “monstruos de agua” y pueden encontrarse en lagos y arroyos desde Chihuahua hasta el centro del país. En el caso del ajolote tarahumara, se encuentra bajo protección especial conforme a la NOM-059-SEMARNAT-2010 debido a las amenazas sobre su hábitat.

Robles Schaffino explicó que, a diferencia del ajolote de Xochimilco que permanece toda su vida en estado acuático, el ajolote tarahumara atraviesa una metamorfosis y se convierte en salamandra adulta, capaz de salir del agua. Mientras el ajolote de Xochimilco puede alcanzar hasta 25 centímetros, el tarahumara mide entre 15 y 17 centímetros en etapa adulta.

Durante los primeros recorridos de campo, realizados entre marzo y mayo, encontraron adultos, juveniles y organismos recién eclosionados. Uno de los hallazgos más relevantes fue que las presas de gaviones construidas para retención de agua generan microhábitats óptimos para la especie, principalmente en cuerpos de agua poco profundos y de corriente lenta.

Asimismo, detectaron que los ajolotes prefieren zonas boscosas con buena cobertura forestal y cuerpos de agua tranquilos. En sitios donde existe mayor flujo de agua prácticamente no se registraron individuos. También observaron una gran cantidad de ejemplares juveniles, aunque pocos adultos, lo que podría indicar una elevada mortalidad durante las primeras etapas de vida.

El investigador señaló que la especie cumple funciones importantes dentro del equilibrio ecológico, ya que se alimenta de insectos, crustáceos y pequeños peces, al tiempo que sirve de alimento para serpientes, aves acuáticas y otros depredadores. Además, los anfibios son considerados bioindicadores de la calidad ambiental.

Parte de la investigación incluye un análisis del microbioma de la piel de los ajolotes mediante hisopados, con el objetivo de identificar microorganismos que puedan protegerlos de un hongo letal que afecta a anfibios en distintas partes del mundo. Este patógeno ha provocado graves afectaciones en poblaciones de salamandras y ajolotes.

Comentó que en algunos sitios de Mohinora y Basaseachi encontraron ajolotes incluso en cuerpos de agua con presencia de ganado y descargas domésticas, lo que podría indicar cierta capacidad de adaptación a condiciones ambientales alteradas. Sin embargo, aclaró que todavía falta analizar la información obtenida para emitir conclusiones definitivas.

El segundo muestreo de campo se realizará durante la temporada de lluvias, entre julio y agosto, para abarcar el periodo reproductivo completo de la especie. Posteriormente iniciará la etapa de análisis de datos y redacción de tesis y artículos científicos, con resultados previstos para principios del próximo año.

Finalmente, el investigador destacó el interés de las comunidades serranas por proteger al ajolote tarahumara y conservar los ecosistemas donde habita. Señaló que, aunque los habitantes ya conocían a la especie desde hace años, la reciente popularización de los ajolotes ayudó a reforzar la conciencia sobre su importancia ecológica y científica.

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